miércoles, 1 de enero de 2014

Si tuviera un poco de valentía

Mentira que el vestido verde lo rescató de una donación recibida en el hogar, por un extraño empresario. Mentira que ya olvidó la noche de lujuria que la apartó de su noble intensión de santidad. Mentira que aún no siente sus manos firmes sobre las piernas. Mentira que no sueña, cada noche con lo que la llevó a sentirse en la gloria verdadera. Mentira que no se muere de ganas por volver a pecar. 

¿A quién engaña? si él sabe perfectamente quién es ella. Conoce sus lentos movimientos de cadera mientras baila al ritmo de suaves tambores. Sabe en qué lugar de su protuberante silueta se dejan caer pequeños lunares negros en forma de pepitas de cristal. Es capaz de comparar el sabor de sus labios con una dulce brisa matutina. Él entiende perfecto que el vestido verde se lo compró ayer en una tienda comercial, luego de estar indecisa por dos horas, como mínimo y  de cuestionarse si es capaz de dejar la vestimenta que ha utilizado, obligadamente, durante eternos nueve años. 

 El rubor de sus mejillas delatan la verdadera intensión de una mujer que está empezando a amar. Que tiene miedo de sentir cosquillas por algo desconocido, hasta ahora, para ella. Más que desconocido, prohibido. Pero es que ese hombre le resulta inolvidable. La vuelve loca de desesperación y despierta sus más íntimos deseos. Se siente como una adolescente, sola y vulnerable. 

"Por mí, vuelve a pecar", fue la nota que recogió desde el bolsillo de su hábito, sonriendo maliciosamente. Lava su cara y sus manos, fuertemente, como queriendo eliminar algo de su piel. Cierra los ojos. Los abre y mira su vestido verde. Vuelve a ponérselo, no sabe si para evocar los momentos pasados o para recorrer su cuerpo, hasta ahora desconocido, con los ojos. Se da cuenta de sus anchas caderas. No tiene pechos grandes, pero sí  redondos. Las piernas se ven tonificadas, debe ser por el ballet que cuando chica practicó sagradamente los fines de semana. Reconoce su poca experiencia al caminar sobre tacos. Se desestabiliza con facilidad y sonríe descaradamente.

 No importa nada, realmente no importa nada. Es feliz, siendo ella. Se entusiasma con la idea de abandonar su triste y aburrida vida y cambiarla por el mundo nocturno, tortuoso y vicioso. Pero en el fondo sabe que no es capaz. No lo haría porque no se atreve. Sólo se queda con la satisfacción, de que al menos una vez al mes, ella volverá a pecar. Pero no le importa. Guarda su vestido verde con recelo. Lo pone en una caja, lo sella con cinta y ya. La ilusión se queda atrapada en esas cuatro paredes de cartón. La mujer sumisa, seria y santa, vuelve a su trabajo normal. En el fondo, vuelve a su vida.



miércoles, 15 de mayo de 2013

Cerrando etapas

¿Qué es lo que hace el dolor? 

Aún tengo recuerdos de aquellos días. Aún un escalofrío recorre mi cuerpo y se impregna en cada rincón de mis pensamientos. Experiencia que jamás pensé sentir, menos cuando siento que no he alcanzado la madurez necesaria. Tampoco hay canas asomándose en mi pelo, y menos arrugas adornando mi cara.

"Se vendrán tiempos mejores" claro, en cierta manera es verdad. Pero, no sé a quién pedirle explicaciones por lo que tuve - tuvimos - que pasar. Puede que el dolor me haya enseñado algo. O puede que haya tenido la mala suerte y me haya tocado a mí, quién sabe. Aún no tengo la mente tan fría como para darme cuenta de la enseñanza que me dejó.

Tres semanas y tres días duró el calvario. Hace exactamente 127 días. - Sí, los cuento día a día-.

No cuento los días porque sí, más bien, es porque sé que cada día son 24 horas más. Sé que llegará un momento en que serán recuerdos amargos y nada más. Yo sé que la cicatriz reflejará que tuvimos que afrontar momentos críticos pero, qué más da, estamos vivos. Al menos respiramos y estamos juntos - como debe ser-.

Sigo sin entender, por qué estoy escribiendo ésto, pero en el fondo - bien en el fondo - yo entiendo que es eso que los psicólogos le llaman "terapia grupal". Algo así como para desahogarse y no hacer como que nada pasó, ¿ se entiende?

También lo escribo para que jamás se me olvide lo que pasé. La memoria es frágil y prefiero asegurarme y dejarlo estampado acá, en mi lugar de desahogo, en mi espacio, le guste a quién le guste.

A final, la vida sigue igual. 

Porque nadie se va a detener a preguntarte cómo te sientes hoy. A pesar de que ni se les pasa por la mente que muchas noches lloro. Los recuerdos de aquellos días me juegan una muy mala pasada. Y lloro como buscando un consuelo, un espacio que me ayude a borrarlo de la mente. Dios siempre está ahí - y estuvo y estará ahí-. Y aunque a veces, cuando lloro, mi gato me mira con cara de no entender, en el fondo, yo tampoco entiendo muy bien.

Hay que seguir adelante, sin mirar atrás. Sí, éso es. SIN MIRAR EL PASADO. Porque duele. Porque te hace retroceder. Porque no te permite avanzar.

Te estanca.

Recién hoy me doy fuerzas para hablar de lo que pasó - aunque los que me están leyendo no entienden mucho-, pero cuando alguien a quién amas con todo lo que eres, está al borde de la muerte, recién ahí, te das cuenta en lo que estás metido. Tal vez - sólo tal vez - Dios pensó que los dos éramos lo suficientemente fuertes como para bancarnos todo lo que pasó. Y en cierta parte, no lo defraudamos.

Hay que mirar al frente y ponerle aguante. Hay que jugar los 90 minutos como si fueran la final más importante de tu vida. Hay que correr sin miedo a cansarte. Hay que hacerlo, porque nadie lo hará por ti.

Gracias a los que nos acompañaron en este camino - oscuro camino-. Gracias a los que dieron un golpe en la espalda y un empuje para seguir adelante. Hoy, espero cerrar de manera definitiva esta dolorosa etapa. Los malos tiempos ya se fueron, ahora vienen cosas buenas. Cosas que van a llenarnos el alma, y a rellenar el hueco que dejó el dolor. Pero, aquí estoy, intentando volver a lo que fui - y creo que lo estoy logrando-.

Y gracias, sobre todo a ti, amor, por ponerle aguante y jugar el partido más cabrón de tu vida. Lo ganaste y por goleada. Gracias por seguir junto a mí.

Cabros, Dios existe, es real. Y lo sé porque me sostuvo todo el tiempo. Crean, sólo crean.

Espero algún día entender, por qué. Mientras sigo en la búsqueda, seguiré a tu lado.

Merci :)

martes, 7 de agosto de 2012

Debilidad Resuelta

¿Y tú? cierra la boca y agacha la mirada. Cuando lo tengas resuelto, quédate así para siempre. En verdad, no sé si para siempre, pero mientras más tiempo, mejor.

Vivir a las órdenes de todos. No mires, no comas, no te rías, no te pares, ¡siéntate!, deja de hablar, no murmulles y lo que es peor, ¡no llores!

Es culpa de la debilidad. Porque no importa la edad que tengas o la altura que midas, ella siempre va a estar allí, como espiándote. Como buscando tu vulnerabilidad para entrar y ser protagonista del juego, ¡la principal, jamás tendrá un papel de relleno!

¡No la dejes entrar!

Porque una vez que lo hace, ya no sale nunca más, ya no te deja nunca más, ya no te olvida nunca más, ¡nunca más!

Nadie te enseña a perder miedo. Nadie te dice cómo es que tienes que caminar para no debilitarte. Eso te lo enseñas tú mismo. Imagínate con un yelmo y una espalda a prueba de los más terribles y atroces miedos. Piensa que un noble compás acompaña tus pasos y no te permite sentir debilidad. La debilidad te va a matar, porque si no lo hace ella, lo hará otro, y otro, y otro, ¡y otro!

Difícil no es, fácil tampoco, ¡lo sé!

Así es que ahora y sólo por ahora, permítete mirar hacia atrás para ver las veces en que fuiste un esclavo de tus propios actos. Todas las veces que fuiste detrás de los demás y avanzabas porque ellos lo hacían primero. ¡Atrévete, no tienes que ser esclavo de nadie, puedes ser el rey siempre!

Y no es que tengas que ser fuerte de cuerpo y derribar a cuánto se te cruce en frente. La fortaleza está dentro de ti. Tira todas las amarras que te oprimen. Sé libre, ¡muy libre!

No aprendas a vivir con ella toda tu vida. Eso es para los débiles de corazón. Eso funciona en los inútiles que se dejan vencer y derrotar antes de siquiera pararse y luchar. Los fuertes siempre están en la cabeza de todo. No viven a las órdenes de nadie, no se sienta cuando le dicen, más bien, se para con imponente y desafiante mirada. 

¡De los fuertes es el reino de la tierra!

domingo, 11 de marzo de 2012

Y nosotros ¿cómo ayudamos?

Es similar a sentirse en un callejón sin salida. Como que tratas de buscar el modo de escapar de esto, intentas darle vuelta a las cosas para sentirte mejor. Y es que un hincha se lo banca todo. Tratas de levantar la mirada aun sabiendo que las cosas van de mal en peor.

"Estamos hasta el cuello" fue la frase que emití minutos después de la derrota ante La Serena. Por lo menos, la estadística indicaba un buen fin, La Serena nunca le había ganado a Colo Colo en el Monumental - claro, hasta hoy-. Sin embargo, las estadísticas no pueden con un equipo sin corazón. Y perdónenme que me desahogue y hable con tanta sinceridad, pero creo que es la primera vez que me atrevo a emitir un juicio en contra del equipo de mis amores.

Todo anda mal, está más que claro, entonces ... busquemos la solución al problema -si es que la hay-. ¿Cómo podemos ayudar? Pidiendo a Bielsa, o tal vez a Mourinho. Rogando para que llegue Vicente del Bosque o que un milagro nos traiga a Guardiola. Rezando todos los días para que Alexis decida volver al Cacique, o para que Messi se olvide del Barcelona y llegue a Pedreros. Sí, estimados, le estoy poniendo mucho. Aunque, debo advertir que según yo la solución es otra -además de seguir alentando pase lo que pase-.

El verdadero problema se llama BLANCO Y NEGRO S.A. Hay que decir las cosas por su nombre, ellos son los únicos mafiosos. Ven en el fútbol un negocio interesante, y no importa que los miles de hinchas sientan frustación y dolor. ¡No importa!, lo único fundamental es la platita que les va entrar para hacerse una casita nueva, comprarse el aut¡to del año, vestir a la señora y pagarle sus múltiples operaciones faciales -para que se vea como una verdadera esposa de empresario-.

Lo lamento en el alma porque ni huellas quedan de aquel equipo que vestía de blanco y ganaba a puro aguante. Ni rastros quedan de aquellos que se imponían con orgullo y valentía. Lo lamento por las actuales generaciones que ven en Colo Colo un equipo nefasto que se cansa de correr. Lo lamento por los más pequeños que no tuvieron la dicha de conocer lo QUE SIGNIFICA COLO COLO ganando un tetracampenato. Ya nada queda de los 11 guerreros que levantaron la gloriosa Libertadores de América. ¿El agua hasta dónde nos va a llegar? ¿cómo podemos salir de esto?

Y nosotros ¿cómo ayudamos? a seguir alentando, pueblo colo colino. A levantar la moral y la cabeza. Juntos volvamos a tocar el cielo como tantas veces lo ha hecho Colo Colito. Y tranquilos porque un grande, es grande toda la vida.






miércoles, 29 de febrero de 2012

Benditos por el Dios del fútbol ...


Todos aquellos "intentos" de escritores como yo, conocen que al momento de sentarse para escribir algo, no saben por donde empezar. Sin embargo, y en esto soy muy enfática, cuando llega la hora de hablar de fútbol sé muy bien lo que quiero decir.

Pues bien, ¿hasta que punto los ídolos son respetados? si tomamos en consideración de que son personas que sienten, podremos darnos cuenta de que el cartel de "ídolo" (o cráck, como usted prefiera) pesa bastante.

Un bautizo (como Valdivia), una bengala trucha (como el "Cóndor" Rojas), una múltiple adicción a las drogas (como Maradona), un lío de faldas (como Iván Luis Zamorano), un cabezazo en el último partido de su vida (como Zinedine Zidane) ...(podemos seguir, por ejemplo, un asesinato como el de Herrera, pero como para mí no es ídolo, no lo pongo)...

¿Hasta qué punto, entonces? Y es ahora cuando quiero -aunque me carga hacerlo- colgarme del fanatismo ciego de nuestro vecinos trasandinos. Un ídolo se respeta y, ¿por qué habría de hacerlo?. Y es que claro, un deportista debe ser integral. Un cráck dentro y fuera del campo de juego. Pero, vuelvo a preguntar ¿por qué habría de hacerlo? digo, respetar a los ídolos ciegamente.

Y es que gracias a Dios soy una hincha con mucha memoria. Guardo hermosos recuerdos y soy agradecida. Agradecida de lo que el fútbol me ha regalado. Pero mucho más aún, agradecida de todos aquellos que alguna vez me entregaron alegrías. Eso hace un cráck del balompié. Te hace reír, te hace mirarlo y saber que no puede ser real que un ser humano con dos pies haga esas maravillas con la pelota. Un ser que es bendito por el Dios del fútbol...agarra la pelota y no la suelta. Te hace ver estrellas - esas muy parecidas a las que ves cuando estás enamorado-.

Un ídolo del fútbol tiene y merece respeto. Yo, señoras y señores, les perdono todo. Pero con una condición: que dejen el corazón en la cancha, que me hagan delirar de emoción, de lo contrario, de ídolo pasa a ser un simple pelotudo que alguna vez, jugó a hacer "cositas" con la redonda.

El deporte rey, amigos míos, es muy generoso. Es generoso porque sabe que es lo único en la vida que nunca dejaremos de amar ...

sábado, 5 de noviembre de 2011

Y eras tú el vulnerable, después de todo ...

Era de esas personas que piensan que morirán pronto. Puede ser en un accidente trágico o en un asalto. Pero de muerte normal y genética, ni hablar. Por lo mismo, cada vez que se levantaba repetía - "Dios, alárgame la vida".

Como si algo en su interior le llamaba a dudar de su propia existencia. Una fuerza potente y dolorosa le atormentaba todos los días de su vida. Lamentablemente, nunca estuvo lejos de sus deducciones. Su muerte fue premeditada, pero por él mismo. Y no es que se ganaba la vida siendo un charlatán o un vidente de poca monta. Era un simple escritor. (de poca monta, igualmente).

El día en que murió, salió de su casa apresurado, como pocas veces. Creo que llevaba un libro bajo el brazo. Decía algo como "20 pasos para aceptar la muerte". Lo noté feliz. Incluso, comienzo a pensar que pidió su muerte. No sé a quién, aunque, debo advertir que la fuerza que cada uno posee en lo más profundo, es mucho más poderosa que cualquier otra cosa.

Y así fue. De las 20 pesonas que venían en el bus, sólo una murió. Sí, él. No me atreví a acercarme para ver si seguía respirando. Mejor me senté a esperar no sé qué. Bueno, en realidad me senté a vigilar si se desprendía el alma del tipo. Quería ver la forma en la que su cuerpo quedaba vacío e inerte. No es morbo, es simple espiritualidad.

De pronto, y mucho más luego de lo que pensé, una especie de humo café se desprendía de él. Miré para ver si alguien más lo notaba, pero no. Sólo yo era capaz de ver, y a la vez, gozar del hermoso espectáculo. Otras veces había visto lo mismo, pero jamás de color café. Un sudor frío se apoderó de mí. Me paré, casi no pude mantenerme en pie. Decidí correr, pero antes, cogí el libro que dejó tirado después del accidente.

De nada sirvió. Al sentarme, ya exhausto, vomité un poco de sangre color café. Acto seguido, repetí inconscientemente "Dios, alárgame la vida".
¿Qué?

Claro, en el libro que recogí decía:
"PASO NUMERO 20: al momento de morir, apodérate de un alma vulnerable. Así vivirás eternamente"

lunes, 5 de septiembre de 2011

Lo simple de la vida.


Eso pasa porque el hombre se atrevió a desafiar a la naturaleza. Desafía el poder imperante del mar. La hermosura contenedora del aire. Y la potencia implacable del suelo, de la tierra.

Arranca todo lo que lo ve. Todo lo que piensa que no tiene vida, que no responde. Arrebata flores y plantas verdes. Corta árboles, que según piensan, no sienten ni ven que lo están desgarrando de su casa inicial. Escupen, sin pudor, a los seres inferiores, a los mismos que no tienen cómo defenderse de su maldad. Arrasan con toda la verdadera fuente de vida.

El hombre nació, únicamente, para andar sobre sus dos pies. Creció con la virtud de mantenerse en forma erecta, simplemente. Pero, al igual que la Torre de Babel, el hombre desafió sus propias capacidades. Quiso ir mucho más lejos. Intentó crear máquinas que lo superaran todo. Fue entonces que creó los aviones y los barcos. Los buques y los helicópteros. Se enfrentó a la fuerza del mar y a la presión infinita del aire.

El hombre se sintió superior y comenzó a herir a cuanto ser vivo encontrara. Los "sin voz" fueron su primer blanco. Ellos no se pueden defender. No pueden decir que no, que no los dañen pues también sienten. No pueden pedir que paren, qué se detengan. Paradójicamente, ellos no tienen maldad. Actuan por instinto, no como el humano. El humano tiene culpa, culpa de desolar todo lo ve. Sólo le importa su propio provecho.

El día en que en este país la estúpida y ridícula lucha de egos sea aplastada por el amor hacia la naturaleza y los animales, recién podremos hablar de desarrollo. Aunque tengamos abundantes riquezas, de nada sirve sin el cariño y el amor por el entorno, por las cosas simples que nos regaló la vida. Por lo único gratis que nos va quedando...deleitar nuestra vista con la hermosura de lo que nos rodea. Con la simpleza de la vida. Oler, sin límites de tiempo, la frescura de la tierra recién regada. Tocar, delicadamente, el rocío que deja la lluvia. Sentir, todo el tiempo que se quiera, el cariño de un ser vivo que respira, que siente, más sin embargo no te puede decir te quiero con palabras.

Sería bueno que aprendiéramos la lección. De ser así, Chile sería muy distinto. Créanme que sí.

Nota: dedicado a un amante de los animales y de la naturaleza. Un hombre que supo, muy bien de lo que yo estoy hablando. Por lo mismo, merece mi respeto y cariño eterno. Felipe, descansa en paz. (1966-2011)

lunes, 29 de agosto de 2011

Es todo lo que pido.


El bombo retumba desde lejos. No levanto la mirada para reconocerle, pues ya es costumbre que el vibrato provenga del mismo lugar. Vibra en lo más profundo de mi interior. Ecos desafiantes de una sola melodía. Suena una y otra vez en mi pecho.

Sensación de libertad en un amplio lugar lleno de emociones mezcladas.

Casi puedo percibir el olor del pasto recién mojado. Inhalo profundo para sentir el soplo de frescura. Ni un solo lugar se le compara. Es supremo, pero sensible. Desde el vidrio de Océano, tal vez. O quizás desde la reja parecida a una impetuosa muralla desde la Galería. Puede ser que desde Rapa Nui, con los muy bien acomodados. Todos esperando ver el espectáculo que recorre desde el minuto uno, hasta mucho más allá de los 90.

Sentirse bendecido de pisar el espacio sagrado. Así mismo como lo fueron las pirámides para los egipcios. Sí, así de sagrado. Saber que llegaste al lugar indicado. Un montón de emociones, que en un comienzo están oprimidas, brillan sin pudor ni culpa. Todo es permitido, nada es reprimido. Sufres una montaña rusa de sensaciones, pero te gusta. El lugar te atrae, todo te lleva a un trance que sólo aquellos que pisan este lugar lo conocen. No hay excusas ni condiciones, pues es nuestro más íntimo lugar de encuentro. La bulla es preciosa. El movimiento del salir y entrar de la gente es maravilloso.

De pronto, el color blanco de apodera impetuosamente. Un escudo flamea una, dos, tres... muchas veces. El orgullo te infla así como un globo que está a punto de explotar. Un peculiar impulso te hace saltar y gritar como cabro chico. No importa quién está a tu alrededor. Eres tú y lo tuyo. Tú y el momento que no quieres que termine jamás.

Aunque pierdas, quieres estar de vuelta. Aunque sientas que está todo perdido, imploras a tu propio Dios para que se revierta el asunto. Estas allí, con el frío y con la lluvia. Con un gorro o con un impermiable. Con el primer lugar de la tabla o con el último. Estar ahí, simplemente estar ahí, como cuando un amigo te necesita. No quieres que hable, sólo que esté ahí. No es primordial que te de golpecitos en la espalda, sólo que esté ahí.

Amigo/a mío, si usted no ha sentido lo que yo describí anteriormente, no sabe nada de fútbol. Es simple. Digan lo que digan, es una condición para enamorarse más del fútbol. Es nuestro lugar. ES NUESTRO LUGAR. No por nada es el "glorioso David Arellano". El mismo de la banda negra. El mismo...

Y si usted, que me está leyendo, pacientemente, piensa que estoy loca... sí, estoy loca. Loca por el fútbol. Rayada por la pelotita. Enamorada de mi estadio. Loca de amor por mi equipo. Por momentos, es todo lo que pido, es todo lo que necesito...estar ahí.

lunes, 15 de agosto de 2011

Deja vu

Mi hermano lloró, emocionadamente, el día en que recibió su carnet de socio de Colo Colo. De aquella situación sólo he podido ver fotos y escuchar la manera en que cuentan "el día en que Jair lloró por un carnet". Para ese entonces, yo aún no había nacido.

Mi hermana lo hizo, también, cuando el "viejito pascuero" le trajo su tan anhelada bicicleta. Me parece que fui ayer cuando ocurrió ese día. Mi viejo le preguntó:
- ¿Qué pasó, Valentina?
- Mi bicicleta - respondió ella entre sollozos.
Lo más notable era que no se movía ni un centímetro, sólo observaba aquella estructura morada con un par de ruedas. Pero era lo que ella quería tener, y lo tuvo.

En cambio, yo nunca lloré por un regalo. No sé por qué. Se lo atribuyo a que mi primera reacción era de alegría, pero nunca a tal límite de botar un par de lágrimas. Sin embargo, existe una única vez en que lo hice.

Corría el año 2006, año impecable para la escuadra alba. De la mano del "Bichi" Borghi, la selección de Colo Colo daba bailes en la cancha. Era todo un espectáculo. Tú te sentabas a ver el partido y desde el pitazo inicial, ya sabías que el encuentro, contra quien fuera, terminaría en victoria. Yo tenía 16 años, y como he contado en otras oportunidades, crecí viendo el amor que mi papá y mi hermano le tenían a Colo Colo. No creo que haya sido eso lo que me enamoró del cacique, sino más bien pienso que desde el día en que nací, ya estaba escrito mi futuro: yo sería parte de la familia colo colina.

Días antes de la final del apertura, sobre mi cama yacía, pacientemente, la camiseta alba. Majestuosa y soberbiamente hermosa. Junto a ella un papel (que todavía conservo): "Un premio a la pasión popular. Se viene la 24". Jair. La tomé, cuidadosamente, y lloré, sin explicación aparente, ya que era sólo una camiseta, un pedazo de tela de color blanco puritano. Pero, al parecer, de inmediato supe que no era simplemente una tela estampada, era mucho más que eso… mucho más. Puse mi cabeza sobre el indio, sobre aquel escudo albo. Luego, la apreté fuerte contra mi pecho y me la puse. Orgullosa, radiante. Me vi en un espejo y volví a llorar. Besé el escudo y bajé a mostrarles a todos lo que mi hermano me había regalado.

Ha sido la única vez que he llorado, hasta ahora, por un objeto material. Aunque, a decir verdad, no creo que la camiseta se inscriba dentro de "objetos materiales", pues tiene una carga emotiva que no tiene razón alguna. Es respeto, es pasión, es amor, es cariño, es cuidado...lo es todo para un hincha.

"Si convierte Aceval, se va a desatar la locura. El carnaval en el sector norte. Si convierte Aceval, si convierte Aceval, si convierte...convirtió. ¡Colo Colo es campeón, Colo Colo es campeón del Apertura, señoras y señores! La fiesta es alba. ¡Paren, paren, paren de gritar, que si hay vida en otros planetas, deben estar todos desvelados! La locura alba, la marea blanca en Ñuñoa. Convirtió Aceval y Colo Colo baja otra estrella del cielo: la 24"

Aún recuerdo ese discurso de Claudio Palma. Aún me parece escucharlo a lo lejos. Éramos campeones, otra vez. La pasión me llevó a la locura repentina. Además, sobre mi cuerpo y de manera, casi impregnada, tenía la camiseta alba. Nada podría ser mejor. Fue así, entonces, que lloré, por primera vez, al ver a mi equipo campeonar. No sabía que aquello sería una constante para siempre.

El albo, es una locura. Es... es la pasión que se mueve dentro de ti. Es un verdadero amor, mi primer amor.

jueves, 14 de julio de 2011

Soy una noble "Bielsista-Borghista"


"Un fans olvida, en algún momento de su vida. Un hincha tiene memoria eterna"

Recuerdo, casi a la perfección, el día 4 de febrero del presente año. ¿Qué pasó?, es simple, una manga de inescrupulosos dirigentes mancharon la pelota. Fue el día en el que Marcelo Bielsa anunció que dejaría la banca chilena. Fue el día en el que habló fuerte y claro: “Considero mis tres años y medio en Chile como un regalo de la vida. Aprendí a amar la vida también estando aquí. Estoy orgulloso de haber vivido en este suelo, sé positivamente que soy yo quien pierde al irse”, señaló con la voz quebrada. Y remató: “Traté de quedarme, no pude lograrlo". Díganme ustedes, ¿qué hicimos los hinchas para ver esa imagen llena de emotividad futbolera?. ¿Qué hicimos para verle partir así?

¿Podrán dormir tranquilos aquellos que marcaron al fútbol nacional de manera repugnante?. El fútbol es lo que menos debería transformarse en un negocio, pero para nuestra mala fortuna, las mafias lo mueve a su antojo. Juegan con la pasión de millones de personas. Barren con las alegrías de innumerables hinchas. Se meten al bolsillo cuantiosas cantidades de dinero sin asco. Porque sí, caballeros, la pelotita está sucia desde hace varios meses. Desde que dejaron partir a un grande como Don Marcelo Bielsa.

Recuerdo, detalladamente, el año 2006. Tetracampeones, ni más ni menos. Un plantel joven fue capaz de sacar campeón cuatro veces seguidas al club más importante de Chile. ¿De la mano de quién? del "Bichi" Borghi. Un Argentino peculiar a la hora de hablar en una conferencia de prensa. Se le criticó muchas veces por la cercanía que tenía con sus jugadores. Pero las críticas se las adjunto a la envidia de aquellos tiempos. Todo iba perfecto hasta que, adivinen quiénes aparecen de nuevo: los dirigentes. Recordemos que Claudio Borghi renunció tres veces. La primera sucedió el 13 de Septiembre de 2006 por la baja de Lizardo Garrido en la delegación durante un viaje. La siguiente se dio el 29 de Diciembre de 2006, cuando tras no arreglar económicamente con los directivos, pegó el portazo.Y la última fue la definitiva tras no encontrar un acuerdo con los dirigentes aquel entonces. Una vez más, el balón fue despreciado por unos pocos codiciosos.

A opinión personal, no podrían haberse fijado en alguien mejor para ser el sucesor de Bielsa. El "Bichi" lo que más repartió fueron momentos plenos. Entregó lo único que pide un hincha: Alegrías. Y qué me dicen del actual presente en "La Roja". Invicto, hasta ahora. Terminamos primero en el grupo, sin depender de nadie para clasificar a cuartos. Sin duda alguna, carnaval con el "Bichi" tenemos para rato.

Las únicas diferencias que veo entre ambos, son las siguientes:
1. La forma de juego: Marcelo Bielsa era mucho más de toque rápido. Los jugadores apelaban bastante a la sorpresa. Se jugaba al toque, toque, toque. Era Ofensivo en su 100%. Aunque fueramos perdiendo, no dejaba de ir hacia arriba, de tocar, de generar peligro. Por el contrario, Claudio Borghi es, a mi parecer, un poco más pausado. Juega a la posesión del balón más pacientemente. Juego que le favorece totalmente a un "Mago" Valdivia, quién está acostumbrado a hacer "cositas" con los pies. También a un Alexis Sánchez, acostumbrado a demorar la entrega del balón para "divertirse" un ratito. Por lo demás, si hay que atacar, ataca. Pero si se da cuenta de que hay que defender, lo hace sin problemas.

2. La postura frente a los medios de comunicación: El "Loco" siempre fue distante y de palabras justas. Tardo para sonreír y esquivo ante todo. Las cosas se manejaban a puertas cerradas y con especial recelo. Muy por el contrario, Borghi desde un comienzo abrió las puertas de par en par de Juan Pinto Durán para con los medios. Habla sin problemas y no tiene pelos en la lengua. Ligero para reír y tal vez, con un humor diferente.

Sólo soy capaz de encontrar un par de diferencias entre ambos.Pero distingo una semejanza entre los dos: tienen huevos. Bielsa para marcharse de un proyecto que faltaba a su propia moral. Se dio cuenta de que el negocio depertó como un gigante en el fútbol chileno y decidió partir. Y el "Bichi", para llegar a suceder a un hombre que, según muchos, sería el único que podría hacer cosas grandes por nuestro fútbol. Llegó a tapar bocas, a demostrar que las comparaciones nunca son buenas. Todos somos auténticos, y pucha que lo está haciendo bien.

Finalmente, me declaro una fiel "Bielsista-Borghista". Yo no olvido a los que nos hicieron grandes. A aquellos que nos hiceron soñar e intentaron transformar nuestra forma de juego. Yo no olvido las alegrías más lindas que nos ha dado el fútbol. Por lo mismo, mis respetos a ambos. Con Bielsa me atreví a soñar y a ver el fútbol nacional con otros ojos. Y con Borghi le agarré el gustito al buen fútbol.

Me apestan las personas que continúan sacando a colación a Bielsa. Estamos en la era del "Bichi". Debemos alentar sin remordimientos ni condiciones. El "profe" nos está llevando por un buen camino, ¿por qué no soñar con ser campeones de la Copa América? de ser así, les aseguro que me emborracho y me olvido de todo por lo menos una semana... o más...¡El país entero estaría en las mismas condiciones!

sábado, 9 de julio de 2011

El secreto del nombre.


No sé por qué, pero generalmente escribo de noche. No importa lo que sea, pero escribo igual. No faltará el que me lea. Y ahora, que aún mi profesión (o casi profesión) me lo permite, me doy la lincencia de escribir de lo que se me venga en gana.

Huérfana, introvertida, su madre tenía una enfermedad psiquiátrica, tímida cuando pequeña, bella como pocas, sincera, incontrolable, cero autoestima, envidiada, arrebatada, deslenguada, con poca fe, deseada más que amada y fue, hasta el día de su muerte, ella misma. Así... loca.

En un comienzo mi blog, este blog, se llamaría "Los sueños de Marilyn". Pero, lo que menos le faltaba a esa mujer voluptuosa fueron sueños. Y sí, quizás alguna vez los tuvo, pero la mayoría se cumplió. Pensó en ser una diva reconocida y así fue. Jamás quizo tener afecto de su madre. Suena duro, pero era una mujer rencorosa. Y a pesar de que mensualmente, y mientras fue famosa, le enviaba un pequeño sobre con cuantiosas cantidades de dinero a quien la engendró, nunca espero más de ella. Quizás, sentía que con dinero podía suplir la falta de cariño y el amor que nunca nadie le dio. Porque fue así, nunca nadie le dio amor.


No me pareció poner "Marilyn", pues nunca fue su nombre real. Norma Jeane era ella día y noche. La misma mujer insegura y apasionada. Inocente, pero más ágil que cualquiera. Marilyn era una careta, ella pensaba que cuando se convertía en el personaje, el mítico personaje del vestido blanco, desaparecerían todos sus miedos. Pero nunca fue así. Y eso mismo terminó por matarla de a poco.

Fue entonces cuando pensé "lo que nunca le faltó a Monroe fue esperanza". Sí, la esperanza de vivir, de quererse, de gustarse, de amarse y hasta de respetarse. Perdió la dignidad de mujer en más de alguna oportunidad. Se cuentan tres maridos en su vida, pero fueron muchos más hombres que la acompañaron. Le costaba mirarse al espejo y pensar que era bella. Y si bien es cierto, realizó múltiples cursos actorales, lo que finalmente la llevó a la fama, fueron sus desnudos para una revista. Siempre tuvo la pequeña esperanza de conocer a su padre. Nunca fue así. Todo aquello me indica que la señorita Marilyn Monroe vivió toda su vida de simple esperanza.

Lo primero que me llamó la atención de ella, fue su mirada. Y es que ¿no lo notas?. Su vida estuvo llena de dolor. Fue una mujer infeliz. Siempre que pensaba en que el amor había tocado su puerta, éste se transformada en un vil deseo carnal. Aunque, la esperanza de transformarse en una figura mundial la llevó a recurrir a lo que fuera, ella jamás perdió la inocencia de niña. Esa misma inocencia que la mantuvo completamente sola durante toda su infancia.


Es raro, pero mi blog que pasa con escritos de fútbol es, en su esencia, un homenaje a Norma Jeane. Un homenaje a la mujer que nunca dejó de creer. A la que habló y dijo lo que sentía sin importar lo que fuera - y quizás es eso lo que me acercó a ella, pues es algo similar a mí-. A la que "se hizo sola" en la vida. Y sola, se fue. Ella murió, y qué diablos me importa qué le pasó, lo único que sé, es que su cabeza le jugó una mala pasada. Se volvió loca lentamente, primero fue algo heredado de su madre, pero que se agravó con el correr de los años. Sólo me queda rendirle un tributo delicado. No sé por qué creo que poniendo fotos de ella a un costado del blog, o con nombre "la esperanza de Monroe" ella sigue viva entre nosotros. Y mucho más en mí.


Q.E.P.D Norma Jeane. Tu paso por la vida fue ingrato y a veces maravilloso, pero espero que desde el cielo, tu cielo, no pierdas la esperanza que siempre tuviste en la mente.


Nota: La pasión por conocer a "Marilyn Monroe" y, a la vez, aquel impulso propio de una periodista en formación como yo, me hizo investigar mucho más sobre su vida. El libro "la vida secreta de Marilyn Monroe" del autor Randy J. Taraborrelli - obsequiado por mi hermano la navidad del 2010- me ayudó a redactar con tanta seguridad lo que anteriormente expuse. ¿El impulso? la lucura de Marilyn.

¡Qué sería sin ti!


Verdad que alguien te enseñó a jugar al balón. Alguien te dijo cómo pegarle, cómo hacer una bicicleta, un hoyito o una rabona. Quizás, alguien te dijo cómo se anticipaba o se marcaba. Cómo se juega de central o de delantero. O cuál es tu pega como volante -por derecha o izquierda-. A lo mejor, tu propio viejo te dijo cómo manejar la presión de tener que patear un penal de último minuto. Hasta el "profe" te dijo, en más de alguna oportunidad, cómo habilitar bien a tu compañero. Aunque, probablemente, con la práctica, tú mismo aprendiste cómo dominar el balón.

Pero ésto, ésto que se siente aquí nadie me lo enseñó y soy mujer. Esa sensación extraña que corre por el cuerpo, ese reloj que pareciera no avanzar nunca cuando necesitas que el partido termine. ¿Alquien te enseña a sentir eso?. Dime, ¿Alguien te lo enseña?.
Eso extraño que te hace no poder dormir, o simplemente, celebrar toda una semana. 11 jugadores corriendo detrás de una pelotita, pero ¡es más que eso señores!, es más que eso.

A veces, lo daría todo por ser sólo simpatizante de un equipo, pero para mi mala - o buena - suerte, soy hincha. De esas que nació con un equipo en la mente - y más allá, en el corazón- y se va a morir así.

Y sí, te mentiría si dijera que no siento envidia de no poder ponerme una camiseta y mojarla. Cúanto me gustaría saber lo que sientes tú cuando pisas los pastos de una cancha . Daría lo que fuera por pararme frente a un arco y patear sin miedo. Perderme en los pastos recién regados con agua fresca. ¡Qué no daría!.

Pero, suplo todo aquello con esta pasión -exquisita para mí, inexplicable para mi madre-. Nací así, lo llevo en la sangre. Nadie me dijo cómo se hace para llegar a sentir esto tan lindo que se siente. Nadie me indicó hacia donde debía ir. Yo sólo me dejé llevar por el imponente y tan codiciado Don balón.

Porque díganme ustedes, ¿Se puede sentir algo mejor que alentar a tu equipo hasta que no te quede voz?.

Perdón. Perdón a la vida por quebrar esquemas. Por no ir con la corriente, sino, contra ella. Tengo el pelo largo, rojo -o negro, como usted prefiera- me pinto las uñas y me pongo aros. Pero algo tenemos en común. Algo nos une, un sólo sentir, una única sensación. Estamos ciegos por el deporte más lindo del mundo. Estamos locos y perdidos por el poderoso mundo del sudor, las camisetas, los llantos, las alegrías, los estadios y los locos, los locos por el fútbol. Yo más loca, por perderme en un mundo que, inicialmente, no fue creado para nosotras.

Y bueno ¡No hay nada más lindo que el fútbol! NADA. ¡Vaya!, ¿Qué sería de mi vida sin él?

jueves, 23 de junio de 2011

¡Ya volví!


Nunca me he sentido mejor que allí. Es un lugar sublime, altanero y un poco distante del mundo. Me siento bien, como que soy realmente yo. No le escondo nada a nadie, ni aparento ser nadie. Soy, pues a Él yo no le puedo mentir.

Hace un año y seis meses, para ser precisa. Años en los que me he perdido en un mundo distinto, en un mundo al cual nunca me acostumbré. Creo que el hecho de que mi juventud haya sido tan linda es gracias a eso, al lugar del cual les hablo, y que, por lo demás, me he alejado sin mirar atrás. Porque claro, prefiero no mirar hacia atrás, debe ser por poca valentía. O quizás, soy cobarde. Me quedo con la segunda opción.

"Les llamé, más no escucharon. Los busqué, más no vinieron". Frase que suena una y otra vez en mi interior. Parece un castigo. Castigo que, al parecer, es merecido. He caminado casi a ciegas, no viendo nada, no escuchando nada. Sólo he vivido. Sólo he sentido. Sin resentimientos posteriores ni lamentos contradictorios. Si me preguntas si me arrepiento, claro, me arrepiento. Yo no pertenezco acá. No, señor.

Hago como que me siento cómoda. Le miento a mis sensaciones. Manipulo mis sentidos a mi antojo. Pero... ¡para!. ¿No crees que ya fue mucho? pareces decir. "Te he esperado", me dices dulcemente. "Y yo te he buscado", le respondo. "No lo suficiente, no lo que me merezco", contestas. "Claro, he sido mala", le digo tratando de adivinar dónde está. "No importa, no me interesa lo que hayas hecho, de igual manera, no eras tú", respondes.

No importa el tiempo que uno se demora, pues Él espera. No interesa lo que hiciste, pues Él perdona. Poco importa lo que no dijiste, porque Él escucha. Con Él, he pasado los mejores momentos de mi vida, y creo que es momento de volver. Fuerza y valentía. No necesito más, porque te tengo a ti. Es hora de correr en el mismo sentido que antes. No perder el rumbo, caminar destinadamente. Sólo espero que me esperes. Un poco más, sólo un poco. Déjame recuperar la valentía que me falta... pero, no te canses. ¡Por favor!.

¡Ya volví!, al menos de pensamientos. ¡Oye, cómo que veo una luz!..

Aún es tiempo...


sábado, 11 de junio de 2011

Me haces bien.


Siempre me he preguntado qué es lo que tiene el fútbol. La pregunta se me viene a la mente porque me parece una locura. Sí, el fútbol es una locura. 11 jugadores por lado corriendo detrás de un balón. ¿Eso es todo?. Eso parece para los insensatos, para aquellos que no entienden de fútbol. Es raro, pero podría ser al revés, la gente que no se interesa por la pelotita, está loca. Nosotros, somos los cuerdos. ¿Será así?

De igual manera, estamos todos locos. Sensación que recorre todo el cuerpo. Sensación suprema, eso es el fútbol. Y es que cada uno tiene su propia historia con el fútbol. Cada uno ha vivido diferentes experiencias. Es la única relación de amor que sabes, durará eternamente. Con el fútbol te sientes seguro. Seguro de sentir cosas nuevas, de amar la camiseta, de llorar de manera inexplicable o de gritar la palabra más bella del mundo: ¡gol!


(Hice una pausa, no sé por qué. Deben ser las imágenes que se me vienen a la cabeza).


El deporte más lindo del mundo nos da tanto. Diría que es un amor utópico e imaginable. Pues, no te puede abrazar ni besar. Podría ser uno de los siete pecados capitales. Eres capaz de dejarlo todo, hacer hasta lo impensado por el fútbol. Y tu equipo, qué me dices de sentir amor por una camiseta, amor, señores. Para los locos puede ser un pedazo de tela estampada. Para los cuerdos lo significa todo. O por el contrario, sólo los locos entendemos eso, eso que nos hace tan feliz.

Siempre he pensado que el fútbol te busca a ti. Como que elige quiénes le podría seguir. Es un privilegio, una verdadera oda a la felicidad humana. "Ganes o pierdas" esa es la frase que te hace saber si de verdad sientes algo sublime por el balón. Estar siempre ahí, después de ganar y reír, pero aún más después de perder o llorar. Porque cuando se pierde, el fútbol nos prueba. Prueba tu verdadera pasión. Te cuestiona a ver si seguirás ahí, sintiendo lo mismo que antes.


90 minutos que deberían ser más. No importa, pues el fútbol te durará toda la vida. Y es eso lo que me hace tan feliz. Ser privilegiada al sentir lo que se siente a la par con el pitazo inicial. Querer ganarlo todo, ser ambiciosos, pero una ambición linda, pura y sana. Yo tengo un Dios altísimo. Pero, quizás el segundo, es Don Balón. ¿Por qué no, si estamos locos?.


Ojalá esto lo lea un loco como yo. De ser así, me entenderá a la perfección. Podemos tener diferentes edades, vivir en distintos lugares, y hasta, otros equipos. Pero ambos seremos iguales en una cosa: el fútbol nos eligió, y eso, amigos míos, es la mayor bendición del ser humano.

"COMO VAS A SABER, QUERIDO AMIGO,
COMO VAS A SABER LO QUE ES LA VIDA

SI NUNCA JAMÁS, AMASTE AL FÚTBOL"


NOTA: si a usted no le gusta el deporte que es pasión de multitudes, tenga el favor de leerlo con cautela. Si no lo entiende, le invito a que lo haga. Gracias.

domingo, 29 de mayo de 2011

Las cosas del fútbol.


Teníamos que dar vuelta el partido. Hace tiempo no nos ganaban en casa, y en esta oportunidad nada cambiaría.
- Ya, Rucio, entra con todo - Creo que algo así me dijo el "profe".
Desde adentro de la cancha, una voz grave me gritaba: "¡Dale, métele!
Primera pelota que me llegaba y la reventé, para agarrar confianza. La segunda vez que toqué la pelota, me di el lujo de pasarme a dos rivales. Eran como más viejos, porque tenían una fuerza ...

-¡Llévatelo, si es malo! - Gritó un gordo desde afuera. Lástima que el "malo" al que hacía alusión era nada más ni nada menos que yo.
Cuento corto, me lo pasé con un hoyito casi impecable. De esos que no te vuelven a salir más, así de perfectos. Miré a la galería y le grité al gordo: ¡Menos más que era malo, anda a comerte un completo, gordo y la ...!. Ustedes comprenderán qué es lo que sigue. Estoy en eso, cuando siento una patada a la altura de las canillas. Patada sin motivo aparente.
- ¡Eh pue´profe! ¿y la amarilla? - se escuchó de lejos.
Me retorcí de dolor, pero íbamos perdiendo, así que había que aguantarse no más. Un jugador del equipo rival ayuda a pararme.
- Esa fue por insultar a mi viejo que está en la galería. ¡Dedícate a jugar, mejor! - me dice al oído mientras me para.
La amarilla pintaba para roja, pero bueno.


Derrepente el "chico Mendoza" agarra la pelota. Se lleva como a tres, tira un centro y me cae justo en los pies. La acomodo y no sé cómo, gol. ¡ GO LA ZO! Pocas veces me he sentido así de bien en la vida. Se siente lindo hacer un gol, es como que eres el protagonista. Felicitaciones por acá, felicitaciones por allá ...


Quedaban 15 minutos y nos faltaba un gol para el empate. No necesitábamos ganar, pero sí empatar. La idea era irnos de cualquier manera, pero menos derrotados. Los minutos parecían que pasaban rápido. Tanto, que del otro lado de la cancha un compañero levanta la mano y gesticula algo así como "quedan cinco minutos". Pero se vinieron con todo, nadie podía parar al "10" de ellos, que ni tan bueno era. Lo traté de anticipar, pero no pude. Pasó igual. Quedé picado. Tenía fuerza, así que la única solución era tirarme una "barrida". Creo que ha sido la mejor que me he tirado en años. Saqué la pelota del área. Sacan ellos, pero el "chico Mendoza" se anticipa a la jugada y se la lleva. Contracarga. En resumen: fue golazo del chico.

Corrí no sé cuántos metros para abrazarlos a todos. Lo dimos vuelta. Nos sentíamos como el mejor equipo del mundo, siendo que somos un equipo de barrio. Los amigos de tu tía FC, para ser más precisos.

¡Qué lindo se siente jugar a la pelota!, me hace olvidar todo lo malo. El fútbol te regala cosas lindas, sin que, necesariamente, tú le regales cosas a él. ¡Bendito sea el que lo inventó!, aunque, yo creo que se inventó solo, porque es tan lindo ...

Nota: Sensaciones que nunca he sentido. Soy capaz de imaginarme parada en una cancha de fútbol, aunque sea de barrio. Sentimientos que me ha enseñado el fútbol. Sí, señores, la pelotita nos vuelve locos. ¿Tú de verdad crees que me quedaría así sin estar cerca del fútbol? ...

miércoles, 25 de mayo de 2011

Emm ...

Las llaves, el celular y estoy lista. La puerta de afuera está como mala, algo le pasa que cada vez que quiero abrir, se traba. Por fin la abro, después de unos largos tres minutos. Camino despacio. Me toco los bosillos de la chaqueta para buscar los cigarros. En esta oportunidad me compré Viceroy. Aunque siempre he pensado que son cigarros para hombres, pero bueno. Me quedan cinco cigarros. Parece que estoy fumando mucho. Tendré que dejar de fumar tanto, pienso en mi interior. Sonrío, pues sé que eso no pasará. Los encuentro, ya quedan sólo cuatro. CUATRO, muy poco. El encendedor no prende de inmediato. Ya, una vez prendido, siento la brisa y pareciera que me acaricia el rostro. ¡No me pinté los ojos!. Pienso en devolverme, pero no, ya es muy tarde. Sigo caminando, pero me tapo la cabeza con el gorro de la chaqueta. Es como si así nadie pudiese verme. Sonrío por segunda vez, sé que todo el mundo igualmente me verá. De lejos, un ex compañero del colegio. Trato de hacer que no lo vi, pero ya es muy tarde. Hola. Bien, ¿y tú?. Me pide fuego. Le paso mi encendedor. Es azul. Me broméa por el color. Dice algo como "te cambiaste de equipo". Sonrío por tercera vez, pero ahora forzadamente, como para caer bien. Tomo mi encendedor. Chao, que estés bien. Típica afirmación que hace todo el mundo antes de despedirse. Camino rápido. No quiero encontrarme con nadie más, vuelvo a pensar. Pienso en cosas. Tal vez debo parar acá. Un negocio. Claro, me hace falta un chicle. ¿Tiene de sandía?. No le quedan, entonces de menta. El cigarro está a punto de acabarse. Pienso en sacar otro, pero es muy pronto. Me siento en una banca. Hacia mi derecha, un par de jóvenes. Pololos, al parecer. Casi logro oír lo que se dicen. Algo así como "mañana tení´que ir a buscarme, si no me enojo". No es una advertencia, pues ella sonríe. Miro el suelo. Un perro color café me mira angustiado. Lo toco. Lo acaricio. No tengo nada para darle. Sonrío por cuarta vez. Pero es una sonrisa sincera. Le estoy sonriendo al perrito. Pienso en que en este mismo instante debería estar en Redacción periodística. Pero no, estoy en mi casa. O cerca. Me aburrí. Camino de vuelta hacia mi casa. Pero antes, prendo un cigarro. Me quedan tres en la cajetilla. TRES, muy poco. El viento trata imperiosamente de apagar el fuego del encendedor. Pongo mi mano para cubrir el fuego del viento. Lo logro. Miro mi mano. Parece estar congelada. Hace frío. Meto la mano libre en mi chaqueta. Ahí está mucho mejor. Una vecina me observa de lejos. No entiendo por qué se mete en todo. Debería preocuparse por su hijo, es como drogadicto. Osea, no es como... es. Sigo mi camino. Media cuadra y llego. Se asoma mi gato. Su cascabel me avisa que es él. Lo llamo. No "pesca". Filo, igual adentro me va a buscar. Miro el cielo. Está bonito. No quiero pensar en nadie, pues no me interesa. Trato de abrir la puerta, se traba. Una patada. Listo, se abrió. Cayó en el viejo truco. Mi mamá me muestra un cuadro. Retrató a jesús. Lindo le quedó. Llego al PC y me siento a escribir esto. Sonrío por última vez. Sonrío de las veces que sonreí en mi breve paseo. Risas falsas, risas sinceras. Así son las cosas en la vida. Me aburrí de estar acá, escribiendo. Pero antes, pienso en el resultado del partido de mañana. Me acordé del partido porque en twitter alguien puso "Aguante el bulla". Me daría asco escribir algo así. Gustos de cada uno, supongo. En fin, creo que mi "súper" rutina llega hasta acá. Gracias por darte la lata de leer todo esto. Ya, si sé que está todo junto. No hice puntos aparte. Cosas que aprende uno en la universidad. Tengo que aplicarlo, ¿no?.

sábado, 21 de mayo de 2011

No existe la culpa


Sentí, a medida de que el cuchillo entraba cada vez más profundo en su cuello, cómo gemía, pero esta vez, de dolor. Los ojos medio amarillentos, medio verdosos, fueron tornándose cada segundo más blancos, más pálidos. Sus manos, que en un principio parecían tinturadas de color rojo, al parecer por el frío intenso que hace allá afuera, ahora poseen un color cada vez más parecido al papel puro y casto.

- ¡No lo hagas, no te atrevas!. Podemos hablar, amor - creo que le oí decir entre dientes. Pero, ¡qué importa!, a estas alturas, está mucho más cerca de irse al infierno, que quedarse entre nosotros, los que parecemos vivos, pero que estamos muertos por dentro. Porque, a quién se le puede ocurrir matar a su propia mujer, ¿no?

Cuando ya sólo le quedaban segundos de respiración, mis ojos se posaron en sus labios. Los llevaba pintados de rojo, rojo intenso. Intenté besarla, no sé, fue un impulso. Logré rozar sus labios con los míos, pero ella no reaccionaba. No me importó, porque la deseaba y, paradójicamente, más que nunca. Mientras con una mano enterraba el cuchillo en su cuello, con la otra intentaba palpar, aunque fuera por última vez, toda su humanidad. Ella a pesar de su estado casi agónico, intentaba resistirse. ¿Quién la entiende?, ¿quién me entiende?

Me molestó que se resistiera a mí, cuando jamás lo había hecho. Fue cuando entonces, la rabia me consumió la sangre y tomé el cuchillo, pero esta vez mucho más firme. Sin darme cuenta cómo, la sangre, su sangre, me salpicaba en la ropa. Cerca de 30 puñaladas creo que le di. Y no me arrepiento. No fue mi culpa, fue ella que además que haber sido infiel, se resistió a mis caricias, porque eso era lo que yo buscaba. Eso era lo que busqué toda mi vida con ella: amor. Y que por lo demás, jamás me lo pudo dar. Quién sabe por qué.

La miré y su rostro ya desfigurado, resaltaba el rojo de su pelo. Linda se veía así, quizás hasta más linda que el día de nuestra boda. Aquel día en que el viejo, su padre, quizo retenerla frente a mí para que no se casara con ese "bastardo", así mismo fue. La tomé entre mis brazos y le canté al oído. No recuerdo qué, pero le canté. Acaricié desde la punta de su cabeza, hasta la punta de sus descalzos pies. La amé como nunca y a mí manera.

Después de todo, pensándolo bien, le hice un favor. Si no la mataba yo, la mataría el sicario que había contratado la semana pasada, y que por temor, no concreté. De cualquier manera, es mucho mejor diablo conocido, que diablo por conocer.




martes, 26 de abril de 2011

¡Nunca cierres los ojos!



Así como todos los días, salió a las 7 AM en punto. Se subió a su nuevo auto color verde profundo. Prendió la radio, no le gustó. Puso un CD, sutílmente comenzaba a sonar "all you need is love" de The Beatles. "Love, Love, Love" tarareaba Roxana al compás de la música. Miró su cartera y recordó que tenía que llamar a Benjamín, su posible próximo novio.


Roxana era una mujer libre, loca y linda. Siempre con los labios pintados de rojo y los ojos delineados de un negro intenso. Con una personalidad fuerte, aunque incapaz de hacer daño, se paraba frente a la vida. No le tenía miedo al ridículo, simplemente actuaba. Sí, estaba enamorada de las bondades de la vida. Aunque, nunca imaginó que su vida terminaría tan pronto como un suspiro.


"Pero, si lo habíamos hablado..." - le contestaba a Benjamín con un tono desafiante. Claro, a ella no le gustaba perder. Sin embargo, al menos por esa vez, agachó la cabeza y se quedó en silencio, quizás, como nunca lo había hecho. Debe haber sido por el amor que sentía, y además, porque hacía tiempo - desde sus tiempos universitarios- que no se enamoraba así, tan locamente.


Roxana cortó su teléfono. Todo se había arreglado entre ella y Benjamín, su amado Benjamín. Miró su reloj, estaba atrasada. Apretó el acelerador y justo cuando la luz amarilla parpadeaba y a su vez, la luz roja se imponía, Roxana cerró sus ojos. ¿Resultado? arrolló a una mujer embarazada. Entre llantos, sangre y pedazos de vidrio, bajó de su automóvil. Miró la escena, se llevó las manos a la cara y tembló. Miró a su alrededor, un mar de personas se acercaba. Volvió a mirar a la mujer. Ella agonizaba en el suelo, con ambas manos en su vientre, vientre aplastado y ensangrentado. Roxana no soportó, corrió hacia su auto y partió, rumbo a lo que sería su último respiro.


Con una rapidez indescriptible, Roxana manejó hacia la nada. Benjamín, su madre, su padre y la imagen de la mujer con el vientre vacío, llegaban como pequeños destellos a su mente. No soportó aquello, no podría soportarlo toda su vida. Decidió manejar hasta la línea del tren. Dejó su auto en la orilla. Tomó su celular y escribió: "Nunca olviden de que yo siempre quise morir antes que ustedes, les amo". Envió el mensaje y tiró el celular lejos, tanto, que ya no se lograba ver. Miró hacia el cielo, pidió perdón - quien sabe por qué - y esperó con calma que pasara el tren de las 8 AM.


El sonido característico del tren se acercaba. Roxana hundía su cabeza entre las piernas. ¡Podría haber sido tan feliz!, podría. Se acercó lentamente hacia la orilla. Hasta que al mismo tiempo del tren, se lanzó. Hasta allí llegó la vida de esa mujercita que, paradójicamente, siempre pensó en morir primero que su madre.


Ahora bien, una vida miserable le esperaba. Una vida llena de desdichas y de temores se habrían posado sobre ella. Entonces, probablemente, yo habría hecho lo mismo que ella... Ahora, lo único que te queda por hacer, Roxana, es dormirte en mi mundo creado, en donde todos los personajes tienen vida propia. Hasta acá llegó la tuya, pequeña mujer. Descansa en paz, Roxana.

Imposible volver atrás


- ¡ Qué me tomes, te digo! , es lo único que te puedo ofrecer para que sepas que estoy hablando en serio.
- Tú estás loca, hace años que no estamos juntos y quieres que yo ...
- Sí, quiero ser tuya. ¡Tómame y sabrás que hablo en serio!

Francisco se deja caer en el sillón, nervioso e impaciente. El cuerpo de Pamela es su debilidad, desde siempre. En su cabeza gira la idea de volver a poseerla, pero él ya tiene a su nuevo amor, su nueva vida en la que Pamela no tiene lugar.

- ¿Qué pasa, Francisco?. Ven, al menos siéntate a mi lado.

Pero, él sabe que sentarse al lado de Pamela es correr un grave peligro.

- No, acá estoy bien. Y no insistas, no tengo ganas.
- ¿Qué no tienes ganas, tú, Francisco? ¡por favor, te conozco demasiado como para saber que mientes! Dime, ¿qué pasa?

Mientras, ella se saca el chaleco quedando ligera de ropa. Lo mira fíjamente y se saborea los labios, eso que tanto lo enloquecía hace un par de años atrás.
Por su parte, Francisco intentaba no mirarle, pero el deseo, impulsado por la carne, era mucho más poderoso.

- Nada, no pasa nada. No quiero no más, punto.


Pamela, agotada por la situación, decide no esperarle más. Se para y le toma la mano.

- Ya, tonto, ven un rato. Quiero que no te queden dudas de que podemos volver.

Francisco, con las manos sudando y la cara a punto de explotarle, se levanta del sillón, rápidamente.


- ¿Sabes lo que pasa, Pamela?
- ¿m?
- Que ya no somos los mismos ... eso pasa.


Toma sus cosas, y se marcha.
Pamela llora, pero porque sabe que Francisco tiene razón.
¡Ya no somos los mismos, maldita sea!

sábado, 9 de abril de 2011

No necesito nada más ...


Y ahí estaba yo, sudado hasta el último rincón de mi cuerpo. Frente al arco, como si el mundo se me viniese encima. Pestañeo, suavemente. Me río, de nervios. Mis manos en forma de puño, una a cada lado. La respiración agitada, casi me faltaba el aire. Levanté la mirada, en el fondo, yacía ella. Lo iluminaba todo, lo resucitaba todo. Casi a mi lado, un hombre susurraba algo, algo que no alcancé a reconocer. Pero, nada importaba, sólo el balón. El mismo balón que me volvía loco desde chico, y ella, que hacía lo mismo, pero mejor.

Pitazo. Lo sentí adentro, como en el fondo de mi ser. Ya nada importaba, era y yo y los tres palos. Palos imponentes e imperiosos. ¿Qué hacer?. Todo, sólo hace lo que siempre debiste hacer. Sin embargo, fui siempre débil. Débil y temeroso. Hoy no, hoy me sentía bien. Apasionado y exitado. Porque sí, me exitaba el rodar de la pelota. Volví a sudar, pero ahora, solté las manos.

-¡Hágalo! - alguien me gritó a lo lejos.
Sonreí, pero no de nervios, sino de inquietud. ¿Cómo una pelota me arrebataría el momento de gloria?, pero sí, es posible. El balón es traicionero, y aunque tú lo manejes, pareciera que se moviera según su propia voluntad. Respiré, y me sentí libre. Libre de hacer con el balón lo que yo quisiera.

Crucé los dedos de la mano derecha, así como me enseñó mi abuelo, tiempos anteriores. Tiempos que ya no están. Es una especie como de amuleto o algo parecido. Miré a aquel tipo amenzante que esperaba una equivocación de mi parte, como todos lo han esperado alguna vez en mi vida. Sonreí por tercera vez, pero ésta vez de burla. Aunque, a decir verdad, en el fondo tenía miedo. Miedo de equivocarme, de errar, como en todas las áreas de mi vida.

Nada importaba, todo parecía dar vueltas, pero giraba a mi favor. Al menos eso parecía. Tomé el balón con las manos. Miré al cielo, como queriendo pedir ayuda divina. Puse la pelota en su lugar, cerré los ojos, los abrí y pateé el balón. Casi sin mirar su rumbo, casi sin divisar su destino. Escuché gritos, gritos por todos lados. Y ella, ella saltaba de emoción. Sí, fue gol, yo toqué el cielo. Yo sentí las estrellas y el aire me acariciaba el rostro. Aquel tipo que antes parecía superior, a la espera de mi error, ahora agachaba la mirada e intentaba esconderse. Esconderse de mí, claramente.

En el estadio no cabía un alma más. Claro, fue el sueño del pibe. Yo cumplí con mi parte. Me inscribí con un gol a estadio lleno. Lo tengo todo, tengo el fútbol y a ella. La dueña de mi ser. ¡Dime si necesito algo más en la vida!.